Me arrebataron el mañana, el ayer y el hoy. Mi llanto solo lo comprenderán los duendes que huyen por los montes. Si tu olor permaneciera en el lecho del río, mientras deliro, dejadme marchar.
Mi vida está seca y la lluvia no deja de caer. No llores, solo susúrrame al oído, borraré los recuerdos, alquilaré mi alma y las estrellas fugaces atravesarán mi corazón. Volando cuervos negros alrededor de mí, no importa lo que pase, permanecerá el sentimiento.
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