En la cabaña de madera los duendes acampan a sus anchas y los perros ladran a la madrugada. Cuando era niño solía esconderme en el desván para sentir el silencio de los ramales abandonados.
Mi vida está seca y la lluvia no deja de caer. No llores, solo susúrrame al oído, borraré los recuerdos, alquilaré mi alma y las estrellas fugaces atravesarán mi corazón. Volando cuervos negros alrededor de mí, no importa lo que pase, permanecerá el sentimiento.
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