En la cabaña de madera los duendes acampan a sus anchas y los perros ladran a la madrugada. Cuando era niño solía esconderme en el desván para sentir el silencio de los ramales abandonados.
Poetas en una calle vacía, merodeadores de la ciudad, seguid avanzando, luchad contra la adversidad de una vida rota, una y otra vez. Si hay un porqué, si existe una sola razón, conviértete en lo que podrías ser hasta el fin de los tiempos.
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