Despliegan los ángeles sus alas. A un paso del infierno el paraíso llora, alma apenada, colchón de nubes puras. Más allá de la conciencia golpea Dios el suelo con su tridente enfadado y el peso de las atmósferas.
Mi vida está seca y la lluvia no deja de caer. No llores, solo susúrrame al oído, borraré los recuerdos, alquilaré mi alma y las estrellas fugaces atravesarán mi corazón. Volando cuervos negros alrededor de mí, no importa lo que pase, permanecerá el sentimiento.
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